Aunque se puede conseguir alguna mejilla con cuerdas a la pesca (cuerdas de mejillón vacías atadas a la batea y hasta un metro de profundidad, en donde se irá pegando la mejilla (larvas) que arrastra la corriente), la inmensa mayoría es recolectada en las rocas donde es mar bate con más fuerza, a la mejilla le gusta fijarse  en las mismas zonas que los percebes, por lo que es necesaria la baja mar para poder realizar la recolección.

Para prepararlo a la plancha, si el bogavante es fresco y vivo (como el nuestro), lo cogeremos por la cabeza para que no nos haga daño con su cola y lo pondremos encima patas abajo de una tabla de cocina con un paño de por medio para que no resbale. Lo trocearemos, ayudados de un buen cuchillo, de forma vertical de cabeza a cola en dos partes iguales. Hasta que esté troceado, no sacaremos las sujeciones (gomas) de sus pinzas, ya que estas son muy poderosas, (capaces de amputarnos un dedo sin problema)

La muda se origina a partir de la membrana de intersección entre en cefalotórax y el abdomen, por lo que mariscos como la nécora y el centollo se desprenderán de sus viejo caparazón por la parte de atrás, sacando por último la zona de la boca y mariscos como el bogavante y la cigala, liberarán primero la cabeza, las patas y finalmente el abdomen. La muda se produce hormonalmente.

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